En Corea, existe la costumbre de descalzarse al entrar en los hogares. A tal efecto, en todas las casas hay como un pequeño cuadrado en el suelo, junto a la puerta, donde se deben dejar los zapatos. Es un poco coñazo, pero la verdad es que es higiénico, la suciedad de la calle no entra y campa a sus anchas por la casa.
El caso es que no llevo demasiado bien este sencillo y ancestral ritual coreano. Siempre que salgo de casa y he conseguido abrocharme los cordones se me olvida algo: la cartera, el móvil, el mp3... Siempre voy con prisas, y evidentemente no me quito de nuevo el calzado, me doy la vuelta hacia mi habitación, en silencio, camino por la casa enzapatado, a grandes zancadas y cojo lo que he olvidado de manera veloz y sibilina.
Ayer me trincaron con las manos en la masa. Me hice el loco, pero sé que no les hizo nada de gracia. Me da igual, pienso repetirlo. Menudo coñazo.

El caso es que no llevo demasiado bien este sencillo y ancestral ritual coreano. Siempre que salgo de casa y he conseguido abrocharme los cordones se me olvida algo: la cartera, el móvil, el mp3... Siempre voy con prisas, y evidentemente no me quito de nuevo el calzado, me doy la vuelta hacia mi habitación, en silencio, camino por la casa enzapatado, a grandes zancadas y cojo lo que he olvidado de manera veloz y sibilina.
Ayer me trincaron con las manos en la masa. Me hice el loco, pero sé que no les hizo nada de gracia. Me da igual, pienso repetirlo. Menudo coñazo.

