Corea del Sur mantiene numerosas similitudes con Japón. Aún a pesar de que la reacción nacionalista del país intenta justificar una cultura y una identidad propias, lo cierto es que el país ha estado demasiado tiempo sometido al invasor, y especialmente al del sol naciente. Si bien es cierto que la cultura coreana presenta sus características identificables propias, la realidad es que las influencias niponas son notables. A nivel de ocio, las coincidencias culturales resultan numerosas.
Un ejemplo de ello es la pasión por el karaoke, que en Corea es denominado
"norebang" (literalmente, habitación para cantar). Entre la multitud de luces de neón que adornan Seúl, infinitos karaokes abren sus puertas a una legión de aficionados, que disfrutan versionando los "hits" del momento o los temas de ayer hoy y siempre. Días de diario o fines de semana. Un par de micrófonos, un trio de panderetas y algo de acohol pueden resultar una mezcla diabólica. Tanto aquí como en España, las borracheras con karaoke siempre suelen rememorarse como jornadas históricas, aunque en este país llegan a ser demasiado comunes.
El karaoke o norebang en Corea no es sólo un fenómeno para jóvenes, sino que también es un recurso muy socorrido a nivel empresarial como guinda a una cena o reunión de negocios. Al tratarse de una sala privada, en lugar de un espacio abierto, la vergüenza a hacer el ridículo entre desconocidos desaparece, por lo que al final de la noche incluso aquella secretaria tímida del director se atreve con una baladita romántica. Desafiar al jefe en un dueto no tiene precio.
Afortunadamente, todos los norebang tienen un repertorio en inglés que habilita a cualquier extranjero a participar rememorando algún viejo éxito de Paul Anka o Glenn Medeiros. En algunas ocasiones pueden encontrarse incluso churriguerescas versiones a la coreana de nuestro aclamado "bésame mucho" en español. Todo un espectáculo.
Por otro lado, es también destacable la existencia de los denominados
"karaokes guarrones", muy populares entre los hombres de negocios coreanos. Me han contado (...) que junto a los cantantes se despliegan unas mozas, de buen ver y mejor minifalda, que se encargan de los coros mientras se dejan meter un poco de mano y animan la velada. Si se quiere algo más, billetera y a cantar al hotel.
He de reconocer que aunque tengo un talento innato que viene de familia, concretamente de mi padre ("
Julito karaoke"), tengo la faceta artística un tanto olvidada desde que llegué al país. En Corea no frecuentamos demasiado estos lugares, ya que preferimos frotarnos con las jóvenes más frescas y ligeras de cascos en los lugares de bailoteo. Sin embargo, la semana pasada, en honor a nuestra compañera Itziar, que nos dejaba para volverse a España, hicimos la excepción. No canté demasiado, pero estuve muy activo con las panderetas.

Te provoco