martes, 23 de octubre de 2007

Capitán Salivazo

Los Coreanos son guarretes. Muy buena gente, pero algo guarretes. No tanto como los chinos, pero guarretes al fin y al cabo. Les gusta escupir, y no se cortan. Si bien es cierto que algunos jóvenes lo hacen, ésta es una costubre más propia de las generaciones más adultas, en las que el esputo se convierte en puro arte.

Esta mañana he tenido la suerte de vivir un momento-esputo-koreano que considero único. Creo que es justo haceros partícipes del mismo...

Como cada mañana subí al autobús que me debía llevar a mi destino. En el interior, la fauna de siempre: niñas gafotas adolescentes, frikies viendo la televisión en su móvil, algún ejecutivo dormido, y alguna minifaldera canalla. El autobús estaba bastante lleno, y no pude pasar al fondo. En aquel momento aún no era consciente de que la fortuna me estaba obsequiando con un momento irrepetible al permitir situarme junto al conductor. Pasaron algunos minutos de frenazos y acelerones, y el conductor me regaló los oidos con un gargajo triple espeluznante. No quiero abrumar al lector cayendo en la más desagradable escatología, pero sólo diré que las dimensiones y densidad del ente que en aquel momento albergaba el conductor en su boca podían haber inducido al vómito a cualquiera. En aquel momento, sólo existían dos alternativas posibles para aquel azorado hombre: o rendirse a la bestia y tragar, o domeñarla exorcizándola del propio cuerpo a través del escupitajo más salvaje. Deseé con todas mis fuerzas que aquel hombre fuera debil, y que la bestia se adueñara de él permaneciendo en su cuerpo eternamente; sin embargo, el conductor, con un extraordinario giro de cuello escupió toda aquella masa verduzca a sus pies, al interior de su cubículo. Insulté mentalmente al hombre. El asco me invadió. Reconozco que fue un juicio de valor precipitado: aquel señor no era ningún guarro y le pido disculpas. Sólo cuando bajaba del autobús pude ver que aquel salivazo infernal no había resbalado por el suelo del autobús, sino que había caido en su sitio; una bacinilla metálica estratégicamente colocada, en la que rebosaba su verde contenido...



Verdad verdadera. Seúl. Línea 272. "Autobús de la bacinilla"


4 comentarios:

missbrightside dijo...

Impresionado me has...pero qué bien que escribes¡¡¡¡ Lo del esputo me ha parecido hasta bonito, poesía pura....Espero que pronto mi blog esté a la altura....un beso. Cristi (Álvarez)

Javier dijo...

Muy buen post, Alex!!
Sigue escribiendo y contando tus aventuras, que yo seguiré leyéndote.

Un abrazo desde Rabat

Javi

angeluxi dijo...

Arcadas tengo...no te digo más

Anónimo dijo...

Hm, me pregunto por qué no lo tiraría por la ventana.