lunes, 5 de noviembre de 2007

Sentadito en su tejado

Vivo en un edificio bajo, en un segundo. Las vistas no son excepcionales. Basuras en el suelo, y tejados oxidados al frente. La imagen no es demasiado bucólica, pero al menos no tengo edificios grandes delante, y tengo mucha luz.

Hoy no he podido dormir. Un niño no paraba de llorar. Podía oirlo perfectamente desde mi habitación, y me he revuelto en la cama repetidas veces deseándole el mal a él (muerte súbita del lactante) y a su progenie (garrote vil). Poco después, al cabo de una media hora de llanto ininterrumpido se le han unido más niños llorones, que se han coordinado acompasadamente como un auténtico coro. Eran las dos de la madrugada y el concierto de lloros estaba todavía en su máximo esplendor. Según pude calcular en un principio, podría haber del orden de dos tenores y tres mezzo-sopranos. Sólo cuando han empezado a remover las basuras de abajo y he salido a ver lo que pasaba me he dado cuenta del felino engaño.







2 comentarios:

Javier dijo...

Muy bueno, tio. Me gusta como narras tus aventuritas diarias. Sigue escribiendo!! Me ha recordado mucho lo que me pasó el otro día...


En Marruecos hay gatos por todos lados, por la calle (lo normal), en el supermercado (verdad verdadera), en el cibercafé... Debe ser por la mierda que se acumula en cualquier esquina.

La otra noche, cuando me acababa de acostar, comencé a oír un ruido que al principio asocié a un niño llorón... Cuál fue mi sorpresa cuando al asomarme a la ventana, vi que aquel extraño sonido, a medio camino entre maullido y llanto desconsolado, provenía de una trifulca felina...

Bajo mi balcón había dos gatos que se encaraban. Los maullidos resonaban en todo el vecindario. La tensión entre los animales era tal que el único viandante solitario que pasaba por allí a esa hora no dudó en cambiar de acera. Me quedé mirándolos desde la ventana y vi como varias veces se enzarzaron en una orgía de arañazos, bocados, revolcones y maullidos.

Me hubiera gustado saber si aquello era una disputa territorial o una especie de cortejo sadomasoquista, pero todo terminó de repente cuando algún vecino con menos paciencia que yo les tiró un jarro de agua desde su ventana y los dos gatos corrieron espantados.

Mi barrio, Rabat, todo Marruecos, pudo seguir durmiendo.

Alejandro Lozano Sánchez dijo...

Al menos no soy el único con problemas gatunos. Me gustan poco estos bichos. Diría que los odio, la verdad...

Ten cuidado que no se te metan en casa!!

Un abrazo Javi!